O
EL INGRATO INSTANTE EN QUE ME
CONVERTÍ
ADULTO
Mi afición a la
filosofía me viene, no sólo por una
inquietud intelectual selectiva, sino de familia, de purísima prosapia.
Así como
hay familias que se caracterizan por su fervor religioso, o por su pasión
por el fútbol, o su vocación de espectadora televisiva, o vaya usted a saber
por qué, en mi familia, leer, hablar y hacer filosofía era algo tan natural y
acostumbrado como comer potaje de garbanzos
al menos una vez a la semana.

