LAS MONARQUÍAS
CAPÍTULO VII
COGE EL DINERO Y CORRE
Agostiño, como había prometido la noche
anterior, se cuidó del resto de trabajos. Preparaba el desayuno, el almuerzo y
la cena; limpiaba el chamizo y hacía las camas. Y a media mañana y a eso de las
cinco de la tarde, llevaba a mi cuñado
un refrigerio para tomar fuerzas. “¡Ay estos hombres, qué harían sin nosotras!
– se dijo Agostiño imitando la voz de su madre.